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BUENASIEMBRA

jueves, 18 de febrero de 2016

Vida natural: Cómo es vivir en una Aldea Ecológica...

Vida natural:
Cómo es vivir en una aldea de tierra y paja,
a una hora de la ciudad

Por gabriela navarra
gnavarra@clarin.com


Mediante técnicas de la permacultura es posible levantar paredes con materiales de acceso tan simple como la tierra, la paja y el agua y construir viviendas con adecuada aislación térmica. La orientación de la casa y la disposición de puertas, ventanas y otras aberturas también determinan el confort interior. 


CONSTRUCCION NATURAL.
Las casas de la Asociación Gaia son construidas totalmente en la ecovilla, ubicada en Navarro, a 110 km de la ciudad de Buenos Aires.



CONSTRUCCION NATURAL. Las casas de la Asociación Gaia son construidas totalmente en la ecovilla, ubicada en Navarro, a 110 km de la ciudad de Buenos Aires. CONSTRUCCION NATURAL. El interior de las viviendas es cómodo y confortable. Para calefaccionarlas se utilizan estufas rocket a leña. CONSTRUCCION NATURAL. En Akapacha, la aldea ubicada en Chascomús, se realizan techos vivos con plantas sobre las viviendas realizadas en barro. CONSTRUCCION NATURAL. La orientación de las aberturas es un elemento fundamental para garantizar la temperatura interior y la circulación del aire.
CONSTRUCCION NATURAL. Elementos como vidrios y envases PET también son aprovechados para formar parte de las paredes de las viviendas. CONSTRUCCION NATURAL. Los panes de tierra, agua y paja son los elementos básicos para levantar muros, que tienen entre 40 y 45 cm de ancho.
CONSTRUCCION NATURAL. El modelado en tierra cruda utiliza barro, agua y paja. CONSTRUCCION NATURAL. En la Ecovilla Gaia los estudiantes participan activamente de los cursos de modelado en tierra viva, para aprender los secretos de esta técnica de construcción. CONSTRUCCION NATURAL. Las paredes, una vez terminadas, se colorean con productos que no contienen químicos.

CONSTRUCCION NATURAL. El interior de las viviendas es cómodo y confortable. Para calefaccionarlas se utilizan estufas rocket a leña.


En Akapacha, la aldea ubicada en Chascomús, se realizan techos vivos con plantas sobre las viviendas realizadas en barro. CONSTRUCCION NATURAL. La orientación de las aberturas es un elemento fundamental para garantizar la temperatura interior y la circulación del aire.

CONSTRUCCION NATURAL. Elementos como vidrios y envases PET también son aprovechados para formar parte de las paredes de las viviendas. CONSTRUCCION NATURAL. Los panes de tierra, agua y paja son los elementos básicos para levantar muros, que tienen entre 40 y 45 cm de ancho.

CONSTRUCCION NATURAL. El modelado en tierra cruda utiliza barro, agua y paja.

CONSTRUCCION NATURAL. En la Ecovilla Gaia los estudiantes participan activamente de los cursos de modelado en tierra viva, para aprender los secretos de esta técnica de construcción.

CONSTRUCCION NATURAL. Las paredes, una vez terminadas, se colorean con productos que no contienen químicos.
 
La palabra (Permacultura) es una contracción entre “cultura” y “permanente” y se les ocurrió a los ecologistas australianos Bill Mollison y David Holmgren a fines de los '70. Desde ahí en adelante, la permacultura propone una manera de vivir sujeta a tres principios básicos: cuidar el planeta, a las personas y repartir con equidad.

Desde una visión que supone estar en consonancia con la naturaleza en lugar de oponérsele o buscar dominarla, se fundaron en muchos países “ecovillas” donde es posible llevar adelante la vida en los términos que propone la permacultura. Hace falta entonces desde cultivar la tierra para alimentarse con sus frutos, hasta producir la energía que pone en marcha los objetos que se usan, obtener, el agua que riega y nutre y también construir las casas que se habita

Permacultura en Gaia

En Navarro, una localidad bonaerense ubicada a 110 km de la ciudad de Buenos Aires, la asociación Gaia ocupa una veintena de hectáreas que antes pertenecieron a una empresa láctea y organiza desde 1996 sus cursos de Permacultura, a cuyo frente está el laborioso Gustavo Ramírez, quien vive allí junto con su hijo y un pequeño puñado de personas, co-responsabilizadas con los objetivos del lugar, que llevan adelante los proyectos comunitarios y programas educativos que se ofrecen para gente de toda edad interesada en iniciar proyectos sustentables.

Entre los distintos cursos que ofrece Gaia (que cuenta hoy hasta con una universidad, con títulos oficiales) está el de Construcción Natural de Modelado Directo de Tierra: tan sencillo como servirse de los materiales más accesibles, y con las propias manos, levantar el espacio donde vamos a vivir.

“El principal impacto de las construcciones tradicionales sobre el medio ambiente es el uso de la energía para fabricar cemento o hierro, causante del 45% de la emisión de los gases de efecto invernadero -explica Ramírez, que está al frente del Instituto Argentino de Bioconstrucción-.



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La construcción a base de materiales naturales utiliza entre el 2 y el 5% de la energía en comparación con las convencionales. La permacultura, además, involucra la construcción dentro de la ética, que tiene por objetivo mejorar la calidad de vida de las personas, al utilizar materiales no tóxicos para cuidar la salud del planeta”.


Akapacha, una aldea natural

 

A 28 km de Chascomús -que está a 113 de Buenos Aires-, desarrolla también su tarea el espacio holístico Akapacha, que tiene una aldea actualmente en construcción, donde se ofrecen, entre otros, talleres de Construcción Natural y Diseño Bioclimático. Juan Pablo Logarzo, uno de los encargados de estos talleres, explica que si bien en “en algunos casos es necesario utilizar algo de hormigón armado o ciertas instalaciones convencionales, después de conocer el barro no usamos más ladrillos de cerámica o chapas, que lo que hacen es calentar y enfriar las casas”.

Akapacha es una comunidad que adhiere a la permacultura, un entramado de sistemas, un “todo” que no está separado del resto. “La arquitectura está totalmente ligada a ese entramado -expresa-.

Por eso cuando desarrollamos un proyecto arquitectónico con bases permaculturales estamos aprovechando al máximo posible los recursos que tenemos: usamos muchos materiales del lugar. Mayormente madera, tierra arcillosa, tierra negra, arena de rio, cañas , paja, bosta de caballo, aceites cocidos y también, aunque en menos medida, piedra, caños plásticos, cables de cobre,
Este tipo de construcción reduce el consumo irracional de la energía.



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Según Gustavo Ramírez, la bioarquitectura es una alternativa técnica y económicamente válida para contribuir a solucionar problemas de vivienda reales sin perder de vista el cuidado del medio ambiente, el mejoramiento de la calidad de vida de las personas y las soluciones que, desde el punto de vista energético, resulten eficientes en un escenario en que el uso de energías derivadas de combustibles fósiles no sólo contaminan cada vez más el planeta, sino que además no son renovables.

Ramírez añade que además de estudiarse diferentes técnicas de construcción natural, se realizan análisis técnicos y económicos, se estudian materiales y mezclas de materiales naturales y reciclados, diseño de viviendas de bajo costo y estudio de técnicas antiguas de construcción según estas premisas.



Diseño bioclimático, otra forma de pensar la vivienda


Cintia Brindisi, licenciada en administración, que dejó su vida urbana para residir en Gaia desde hace 3 años y confiesa sentirse feliz, es la encargada de recibir a interesados y curiosos a las visitas guiadas que se organizan y relata las principales claves del concepto bioclimático o biodinámico en el diseño en las construcciones.

“Se busca que las ventanas y puertas ventanas estén orientadas siempre al norte, enfrentando el sol -dice Cintia, que llevó a vivir a Gaia también a sus dos gatitas-. En invierno, la idea es que pasen por los espacios vidriados la mayor cantidad de rayos de sol para generar retención de calor. En verano, las ventanas son cubiertas por aleros, y el sol, que hace una trayectora mucho más perpendicular a la Tierra, no ingresa en forma directa. Y, al atardecer, se usan postigones de cañas de bambú para evitar que pase más la luz y el calor”.

Además de la orientación, el segundo punto que menciona Cintia Brindisi para apuntalar el diseño bioclimático son los sistemas de circulación continua de aire: a través de un caño galvanizado que mira hacia el norte ingresa aire caliente a las construcciones. 


Ese aire caliente luego pasa por debajo del piso, donde la temperatura disminuye más de una decena de grados, y vuelve a salir, fresco hacia los ambientes, a través de rejillas. 

El aire va ganando el calor después y sale nuevamente al exterior a través de una boya. “Es un sistema de aire acondiconado natural, que ventila todo el tiempo el aire dentro de la construcción y mantiene una temperatura estable”, añade.

Sin embargo, el elemento que mejor permite aislar las construcciones de las diferencias térmicas interior/exterior son los materiales que se utilizan. “En este caso es tierra cruda: una mezcla de barro, paja y agua que permite diseñar muros de 40 a 45 cm de ancho y que se aplican en grandes módulos que elaboramos aquí mismo”, dice la integrante de Gaia y puntualiza que los aleros impiden que las paredes se mojen durante las lluvias, al tiempo que señala que en las viviendas los contrapisos se hacen en forma tradicional para separar la tierra del sustrato.




Los muros de Gaia tienen colores y arte: lo primero se logra con recubrimientos de cal apagada (cal viva que se deja en remojo durante más de un año) coloreada con ferrites naturales que a diferentes temperaturas generan variados colores y mosaiquismo con todo lo que se rompe (vidrios, tazas, platos, etc.). Como la pared “respira” porque los materiales son porosos, no se forman burbujas de aire y tampoco se descascara.

En cuanto a los techos, los más eficientes para evitar las diferencias de temperatura son los llamados quincha uruguaya o techo belga, que son de paja y tienen entre 20 y 25 cm, no dejan intersticios y evitan el pasaje de humedad. “Pero tienen una contra -dice Cintia Brindisi-: su precio. Por eso actualmente estamos migrando hacia los techos verdes o vivos, que cuestan un 10% de los de paja”.



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El techo vivo se construye con una serie de capas sobre un machimbrado de madera o bambú a dos aguas con una inclinación de hasta 13° (para evitar que las lluvias “laven” la tierra). Sobre el machimbrado se coloca muy prolijamente un plástico duro, de 200 micrones (el doble de espesor que una bolsa de consorcio) y sobre ésto la tierra y los plantines de especies resistentes a la sequía, como por ejemplo las del género sedum o suculentas. Un techo vivo demora unos 2 años en ser recubierto.

“El plástico es uno de los materiales que más tarda en descomponerse así que lo usamos en este caso porque está garantizada su durabilidad” comenta, no sin ironía, Cintia Brindisi. No en vano, también en Gaia, usan los envases de agua y otros del tipo PET como parte de las paredes de barro crudo con las que construyen sus casas.

La provisión de energía eléctrica, otro punto central de la sustentabilidad, está garantizada en Gaia a través de tres turbinas o molinos de viento, pero también se aprovecha la intensidad del sol a través de paneles colectores y de planchas en materiales muy sencillos pero que refractan el calor y logran calentar agua para cocinar o tomar mate en pocos minutos.
fuente

MAS INFO:

http://www.gaia.org.ar/visita-la-ecovilla/

https://youtu.be/ZT14cOZVDmA (video)

http://buenasiembra.com.ar/ecologia/articulos/ecovillas-774.html

https://www.youtube.com/watch?v=feakKflthC8

 

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